Mis razones

la paloma...¿de la paz?Hacer una lista de motivos para embarcarme en la Fundación Internacional Baltasar Garzón es difícil, puede ser una larga lista o una única razón: “porque es lo correcto”.

Es correcto y bueno trabajar por un mundo en paz, no hay paz sin justicia y todo pasa por la educación. Así que los objetivos de la Fibgar son para mí como mis propios objetivos. Esa es una buena razón, digamos la primera.

Todos los que nos implicamos en el proyecto vivimos y/o conocimos de cerca experiencias de pérdida, de indefensión, de injusticia, de marginación. Todos ponemos mucho más que nuestros conocimientos y experiencia, ponemos nuestro corazón porque no somos ajenos a los temas que promueve la Fibgar. Esa es otra buena razón, digamos la segunda

Desde los distintos ámbitos de actuación de todos los miembros: la literatura, el periodismo, la política, la judicatura, el activismo social, la universidad, las ONG; se pueden aportar ideas diversas y junto a todos los que participen en nuestros proyectos, aunaremos esfuerzos para conseguir un mundo más solidario, armónico, justo y que nos iguale en vida: querida, propia y digna. No es una mala razón esta, pongamos que es la tercera.

Por último y no menos importante, porque la Fibgar es una iniciativa de Baltasar Garzón, promotor, innovador y divulgador de la justicia humanitaria, social (en base a los Derechos Humanos) y universal, propia de un mundo globalizado. Y para mí, la mano tendida que nos ayudó en 1989 cuando nadie lo había hecho, y que marcó un antes y un después en la vida de muchas personas con la operación Nécora.

Para empezar, pienso que son suficientes razones.

carmen duran

 

Carmen Durán Martinez

Vicepresidenta 2º de la Fundación Internacional Baltasar Garzón.

¡Hagamos que nuestra voz cuente!

Este año, el Día de los Derechos Humanos tiene como lema ¡Haz que tu voz cuente! en referencia al derecho a la libertad de opinión y expresión, a la libertad de reunión y asociación pacíficas y a participar en el gobierno (artículos 19, 20 y 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.)

Vivimos un tiempo convulso, una etapa de incertidumbre, de cambios forzados para unos por la crisis, y de cambios imprescindibles para otros tras años de abusos. Desde la primavera árabe que reclama más democracia, más participación y sobre todo más justicia y equidad; hasta las reivindicaciones de las sociedades desarrolladas que asisten a la pérdida de condiciones económicas y sociales que creían inamovibles. Todos reclaman que sus voces sean escuchadas por sus gobiernos por encima del cautivador canto de sirenas de los mercados que nos llevan a los acantilados.

Desde el punto de inflexión que supuso el 15-M en la forma de entender la reivindicación social más allá de las promovidas por sindicatos o formaciones políticas, se han multiplicado las propuestas de protesta, de reivindicaciones y movilización social. Desde los Acampados en Sol a los Yayoflautas se ha recorrido un camino que demuestra que las urnas no es el único modo de comunicación entre la ciudadanía y sus representantes políticos. Representantes que desgraciadamente en la actualidad se protegen de los ciudadanos como si fueran peligrosos y no el pueblo soberano que les cede el poder que ostentan.
Tratar de limitar el derecho de huelga o de manifestación recogidos en la Constitución Española artículos 28.2 y 21, respectivamente; es tratar de menoscabar un derecho fundamental de los ciudadanos.

Y eso se hace con argumentos banales, superficiales y retóricos: “las molestias ocasionadas a los que no se manifiestan”, “la mala imagen en el exterior”, “las pérdidas económicas de las jornadas de huelga”, “los incidentes violentos”, “la inutilidad de un sistema de protesta caduco”.

Si se es miembro del congreso de un país con más 5 millones de parados, con una pérdida de calidad de vida en servicios públicos y garantías sociales, con unas perspectivas económicas negativas para los próximos años y un grado notable de corrupción, debería entenderse que las razones de los manifestantes son los verdaderos problemas y todo lo demás, excusas.

Una vez más, parece más grave denunciar los problemas que el que se produzcan los hechos que se denuncian.