Frente al narcotráfico, permisividad cero

Foto de  Xoán A. Soler para La Voz de Galicia

Foto de Xoán A. Soler para La Voz de Galicia

Son muchas las organizaciones que esta semana están reviviendo los peores años de la década de los 80 en Galicia. Una década que dejó mutilada una generación entera por culpa de las drogas. Mujeres y madres como Carmen Avendaño, a través de la Asociación Érguete o Carmen Durán, vicepresidenta de Fibgar, a través de Desperta Cambados, denunciaban en esta época como la permisividad de la sociedad no hacía más que agravar el drama de la drogodependencia.

Una situación que no fue ajena al resto de España, pero que golpeó de diferente manera a la comunidad gallega al ser la puerta del narcotráfico hacia Europa. Durante esos años, la aceptación social del tráfico ilegal de drogas aumentó al considerarse una fuente de ingresos en muchas familias de la costa. Las consecuencias no se hicieron esperar. Casa de lujo nunca antes vistas en las Rías Baixas, se alternaban con el menudeo y los primeros heroinómanos.

Aunque las autoridades parecían no vincular un escenario con el otro, los familiares de los drogodependientes sí. Lucharon porque se les juzgara, se les condenase y se les quitase lo que de una manera ilegal e ilegítima consiguieron. La Operación Nécora, en la cual el juez Garzón, presidente de Fibgar, desarticuló la mayor trama de tráfico de drogas, supuso un antes y un después en la lucha contra el narco. Lo mismo ocurrió con las siguientes resoluciones de los jueces Bueren o Vázquez Taín, como la de entregar todo el patrimonio confiscado a las víctimas.

Casa y edificios, como el Pazo de Baión, que sirvió para la reinserción, la educación y la prevención del consumo de drogas. “Fue difícil que la población viera el peligro del dinero fácil pero se consiguió”, explica Durán, quien recuerda que con la actual crisis económica y los altos niveles de paro el discurso de prevención debe recuperarse. “El consumo de drogas –indica la vicepresidenta de Fibgar- está volviendo a aumentar y la edad de inicio se ha situado en primero de la ESO”. Por eso es fundamental que desde las autoridades públicas se retome una postura de rechazo total a los que se benefician de adicciones y acciones ilegales. “Debemos recuperar la pedagogía de los aprendido en estos 25 años, apostar por una educación pública que motive el pensamiento crítico y que construya ciudadanos capaces de dar la espalda a las drogas”, concluye Carmen Durán.

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