Los imprescindibles trabajadores humanitarios

Aunque numerosas convenciones internacionales recalcan que en caso de conflicto armado el personal humanitario debe ser protegido y respetado, esto no siempre ocurre. Incluso suelen ser usados como moneda de cambio, como rehénes o como mensaje contra los Gobiernos de los países de los que son originarios. Esto fue lo que sucedió en 2003 en Bagdad cuando un coche bomba explotaba frente al cuartel general de la ONU en la capital iraquí, provocando la muerte de 22 personas de 12 nacionalidades diferentes. Entre ellos el Representante Especial del Secretario General Kofi Annan para el Iraq, el brasileño Sergio Vieira de Mello, y el capitán de navío español Manuel Martín-Oar Fernández-Heredia.

Trabajadora humanitaria en PakistánEste brutal ataque, que dejó heridas a más de 100 personas, supuso un antes y un después en la seguridad del personal humanitario de la ONU y de las miles de organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan en el planeta. Ese día, el 19 de agosto, se convertiría en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria para rendir homenaje a todos los que perdieron la vida ayudando a los demás. En 2008 la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ofrecía la cifra de ataques más alta de la historia: un total de 278 trabajadores de asistencia humanitaria fueron asesinados, secuestrados o gravemente heridos en 139 ataques violentos. Una tendencia en alza, ya que como acaban de anunciar los cooperantes fallecidos en su labor en 2013 fueron 155, 171 sufrieron heridos graves y 134 fueron secuestrados.

Y los trabajadores humanitarios no sólo se enfrentan al peligro de la violencia en conflictos y guerras, si no que se exponen a enfermedades, secuestros o fenómenos naturales devastadores. Los terremotos, como el de Haití, golpearon a quienes prestan ayuda igual que al resto de la población. Los bombardeos de Israel caen sobre las cabezas de los médicos de la Cruz Roja o de los profesores en las escuelas de la ONU en Gaza igual que sobre el resto de los ciudadanos de la Franja. Y epidemias como el Ébola pone de nuevo sobre la mesa que más que la imposibilidad efectiva para evitar estos ataques es la falta de voluntad y compromiso de los estados para paliar las circunstancias que hacen que sigan teniendo que existir los trabajadores humanitarios.

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