Las horas de un infante recuperado

Fanny Rubio FIBGARFanny Rubio, patrona de FIBGAR y escritora. Autora de “El hijo del aire”, que novela la historia de un niño robado hispanoargentino

Casualmente conocí este mes de julio, en un curso de verano organizado en Torres por la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR), a uno de los familiares argentinos de quien, en pocos días, iba a ser el imprevisto protagonista de  la especial historia que en las semanas siguientes ha conmocionado ese país. El suceso de la recuperación de la identidad de Ignacio Guido Montoya Carlotto, nieto recuperado número ciento catorce de la larga historia de suplantación de identidad de los más de los quinientos bebés robados a sus madres asesinadas por la cruenta Dictadura que asolara el país entre 1976 y 1983, paradógicamente años “del cambio” español en que, junto a sólidas construcciones, empezaron a gestarse otras bellas mentiras que, salvo escasos pronunciamientos, nos adormecieron largamente en temas de memoria.

Lo escrito y hablado por los medios de comunicación estas semanas últimas nos ha proporcionado en tiempo real, -pese a la discreción solicitada por la ejemplar abuela Estela de Carlotto-, la más completa información superficial, aunque de fuerte peso emotivo, de una historia trágica de final feliz que interesa de una manera u otra a tres generaciones vivas de dos continentes, a los regímenes políticos sucedidos en los últimos veinte años en Argentina y a nuestras posibilidades de enjuiciar todavía, desde Europa, un pasado compartido con asuntos pendientes. La historia de un muchacho de campo llamado Ignacio Guido, hoy músico de 37 años, que recupera en horas su identidad biológica, enriquecida gracias a la apertura humana de los implicados.

La casualidad sobrepasa el límite de la historia particular y se convierte en un fenómeno socialmente humano. Lo recuerdo al comprobar el impacto que el relato estremecedor del tío del muchacho, hoy al frente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de su país, produjo en nuestro grupo aquella tarde en la falda de la Sierra Mágina. Remo Carlotto nos puso sobre la mesa de manera impactante, al delito de la apropiación de bebés como botín de guerra que se vivió en la España de 1939 como en la Argentina de Videla. No era fácil sincronizar los dramas. En aquellos años ochenta los españoles habíamos celebrado el fin de la historia, recuperamos asignaturas pendientes de la vida privada mostradas insistentemente en el cine con porno o la ley del divorcio e iniciamos con euforia, hasta que nos dieron las tres y las cuatro y las diez, un período atrayente para los extranjeros, que nos apartó del drama coetáneo latinoamericano. Hemos de recordarlo hoy en Madrid ante el reloj parado con inusitada crudeza, dejando al descubierto el efluvio letal de las finas hierbas que dejó en el paredón de lo banal a un buen puñado de jóvenes lanzados a la euforia de la movida del olvido, mientras los argentinos del exilio casi en la más absoluta soledad, llevaban de una judicatura a otra a quien quisiese oírlos, y hubo quien lo logró, sus carpetas llenas de nombres de desaparecidos.

Nos separan a unos y otros no solamente la duración del período dictatorial, sino la práctica de la Justicia y la reparación, en España todavía pendientes, la desincronía que nos marca los ciclos historicos. Una de las resoluciones internacionales como la de la OEA y del comité de derechos humanos de las Naciones Unidas instando al Estado argentino a continuar las investigaciones acerca del destino de los desaparecidos y de las denuncias de adopción ilegal de niños, queda lejos entre nosotros. Argentina ha reparado, en parte, el daño producido por la ejecución de tales delitos dando una lección a quienes han dado marcha atrás a la ejemplaridad de antaño de su sistema judicial universal, amparando en los últimos años o rehabilitando a personas desprotegidas por la legislación vigente como las asociaciones de víctimas de la Dictadura franquista y el mismo Juez Garzón, que cuenta en Argentina con el reconocimiento que su país le debe, como a tantos y tantas.

En esta historia de final feliz se confunden las gestiones administrativas de la exigencia de responsabilidades penales por los delitos cometidos en aquellos años con las nuevas exigencias psicológicas y emocionales del protagonista. Es evidente que, dada la premura como el caso se ha presentado, vemos cuán difícil es presentar en el escenario mediático a quienes durante tanto tiempo estuvieron privados de la hija, la hermana, el nieto y el sobrino, y, por tanto, abocados a la angustia de buscar sin objetivos y deseosos de tener junto a ellos lo más pronto posible al niño perdido,al lado de un muchacho que se siente feliz de haber vivido hasta ayer con personas buenas y que acepta prestarse a la “maravilla” que hoy la realidad le ha puesto delante, sin ocultar su agobio porque lo abracen todos a la vez.

Pese a la precipitación de este celebrado reencuentro, suavizado por el cuidado de una familia y la entereza del muchacho, al margen de los temas penales, como aquí, los encuentros entre nietos y abuelas en Argentina son menos traumáticos a medida que transcurren los años, ya que los chicos se encuentran en un estadio de sus vidas (muchos son padres y madres) que permite un razonamiento integrador, espejo de la reconciliación de la sociedad, lo que no impide en su esperable civismo que todos entrevean un pausado trabajo pendiente que les resta en el tiempo que viene, hasta que los nuevos muchachos y muchachas robados puedan definitivamente ponerse en propia piel a todos los efectos.

Como en todas las mutaciones históricas, y visto en la distancia, en principio da la impresión de que el dolor ha afectado más a unos, a unas, que a otros. Es el esfuerzo de los que amaron sin tener y buscaron año tras año sin hallar, hasta la extenuación, a esa generación robada el que se apropia del relato común. Pero la memoria avanza también en la inocencia que tiene un hermoso trabajo por delante del que dar cuenta, aunque parezca que le han dado las tres y las cuatro y las diez en el páramo del olvido.

FIBGAR celebra que la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo encuentra a su nieto robado en la dictadura

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