Cazorla: El principio de un gran cambio

José Medrano Juárez, estudiante participante en el proyecto ‘¿Y tú, qué sabes de los Derechos Humanos?

Marta Mediano García, coordinadora del proyecto e integrante de FIBGAR

Cazorla DDHH Cuando me dijeron que era finalista del concurso ‘Y tú, ¿qué sabes de los Derechos Humanos?‘ se me pasaron mil cosas por la cabeza. Tras varios minutos de reflexión comprendí que estaba ante una oportunidad única de tirar por la borda todo lo que creía saber y construir los cimientos de una nueva manera de pensar más abierta y global de nuestra sociedad.

Porque cuando la vida te sonríe, no te paras a pensar lo que está bien y lo que está mal. Son necesarias un puñado de decepciones para hacerte ver que no sólo tu vida sino también la sociedad necesitan un cambio. No me creo el mundo que me cuentan. Nunca me he creído que haya millones de personas sin un hogar y sin recursos suficientes para poder cumplir el artículo 3 de la Declaración de Derechos Humanos: “derecho a la vida, la libertad y la seguridad”. Nunca me he creído que no se puede acabar con la pobreza y el hambre cuando el uno por ciento de la población mundial posee el 46% de las riquezas y un 10% acapara el 86% de los recursos.

Ya decía George Orwell en su libro ‘Rebelión en la granja‘ que “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”. Dinero, dinero y más dinero. Tanto que nunca podrían gastar. El modelo de sociedad actual me recuerda a la teoría de Epicuro sobre la existencia de Dios:

Si Dios quiere y puede acabar con el mal, es bueno.

Si Dios quiere y no puede acabar con el mal, es impotente.

Si Dios puede y no quiere acabar con el mal, es malo.

Por lo tanto, si vivimos en un mundo egoísta en el que cada vez hay más pobres que satisfacen los caprichos de los ricos que aumentan poco a poco sus riquezas, si las guerras atemorizan al mundo hoy más que nunca y en 180 países de 194 que hay en el mundo violan algún Derecho Humano, ¿ha creado el Ser Humano un modelo de sociedad que ni el mismo puede cambiar (por lo que es impotente) o una élite nos gobierna y nos dirige como marionetas en este teatro que llamamos mundo (y por lo tanto, es malo)?

Cualquiera de las dos opciones me disgusta y ambas tienen su parte de razón. Aunque, en cualquiera de los casos, soy partidario de que un cambio es posible, pero el cambio no se produce de la noche a la mañana. Ni con una revolución. Revolución en un sentido generalizado significa violencia, odio, caos… Y nunca ha terminado bien. Sin embargo, si entendemos revolución un cambio radical en nuestras vidas gracias a la construcción de una nueva sociedad basada en las lecciones del pasado, en el sentido común y el respeto, entonces bienvenida sea la revolución.

jornadas ddhh cazorlaPor esta idea participé en el concurso con una fotografía sobre la educación. Porque hoy en día es tan importante y, a la vez, tan desprestigiada. Porque educación no es lo mismo que formación académica. Nos enseñan una serie de contenidos a los que, en su mayoría, no sacamos partido en la vida corriente pero no nos enseñan suficiente a ser críticos, ni creativos. Las ciencias predominan y el arte está apartada en una mínima fracción del horario escolar y en las actividades extraescolares. Cada vez estamos más formados y somos menos críticos. Por eso participé, para aprender a ser más crítico con el mundo que me rodea y para aprender nuevas medidas para cambiar mi día a día.

Lo que aprendí allí fue maravilloso; empezando por la fantástica comunicación entre los finalistas en todas las actividades. Lo aprendido de cada uno de ellos ya forma parte de mi manera de ser y eso es increíble porque sólo estuvimos juntos cinco días. Verlos día a día hubiera sido un peligro para todo aquel que no desea un cambio. La comunicación y la confianza fueron los pilares de las actividades, los talleres y las charlas. Aprendimos de las charlas que no basta con la integración de inmigrantes y discapacitados en la sociedad; el objetivo es la inclusión completa de este sector en la sociedad. Aprendimos a cuidar y valorar mejor nuestro medio ambiente y aprendimos que aunque en el primer mundo hay mucho que cambiar, hay personas que viven situaciones extremas y merecen nuestro total apoyo y nuestra colaboración. En este momento decidí que quiero dedicar mi tiempo libre al voluntariado nacional e internacional.

Aprendimos que los medios de comunicación no hacen honor a la verdad, que la imparcialidad brilla por su ausencia y que vivimos engañados y bombardeados por la información masiva que llega a nuestros oídos. Ya decía Joseph Goebbels en su principio de renovación que “Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa”.

Hay tanto que cambiar; el respeto, los valores, el egoísmo… ¿Es ésto posible? Sí, pero juntos. Por eso pienso en grande y actúo en marcos pequeños, porque sé que si mi entorno observa lo que yo hago, acabará haciendo lo mismo; y esa manera de acción se expandirá a entornos más grandes. Esos son los pasos que hay que dar: los pequeños. El resto viene sólo.

Gracias a FIBGAR por abrirme los ojos. Ésto ha sido sólo el principio de un gran cambio.

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