Memoria para la Dignidad

Eduardo Ranz. Abogado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl miércoles 11 de febrero, coincidiendo con el Aniversario de la Iª República Española, se procedió a la presentación de diversos escritos, que pretenden la retirada de 86 símbolos españoles, conmemorativos de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Lo que se pretende con la retirada de la simbología franquista de las calles, en primer lugar, es generar reparación a las víctimas del franquismo, en segundo, regalarnos dignidad como país, como patria, y por último, normalizar el deber de cumplimiento de las autoridades, como el resto de los ciudadanos, de las leyes que emanan del Parlamento.

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Alumnos de Bachillerato del Instituto San Isidro presentan un corto y un hip hop sobre la memoria histórica

portada ok“La memoria en España fue eliminada durante muchas décadas, porque existe una obsesión por hacerla desaparecer. La Transición convirtió la memoria en olvido.  Pero el Estado tiene la obligación de protegernos a todos y de reivindicar a todas las víctimas, porque parece que algunos siguen creyendo que hay víctimas de primera, de segunda y algunas sin reconocer”. El juez Baltasar Garzón se expresó ante un auditorio de jóvenes estudiantes de Bachillerato del Instituto San Isidro, protagonistas de los talleres sobre Memoria Histórica realizados por la Fundación Internacional Baltasar Garzón, que presentaron el fruto de su trabajo: un corto titulado Prohibido recordar y un hip hop reivindicando la necesidad de conocer la propia historia.

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El holocausto, Franco y España

holocausto_02Eduardo Martín de Pozuelo. Periodista. Autor de El franquismo cómplice del Holocausto y de Los Secretos del franquismo.

Madrid, 31 de enero de 2015. Lo digo siempre cuando hablo en público de las conclusiones de mi trabajo periodístico acerca de Franco, el franquismo y el Holocausto: para este periodista ha sido imposible leer documentos secretos nazis relativos a España y la Shoah y no sentirse muy mal. Es así. Me gustaría que la historia reciente de España fuera otra. Que no contara con una guerra incivil, que no hubiera habido una dictadura, que no acaeciera una represión de postguerra de una dimensión que no conocemos y que el franquismo no hubiera sido un colaborador activo del peor genocidio de la Historia. Y digo peor por varias razones que van más allá del número de muertos que los últimos cálculos del Yad Vashem acerca a los siete millones.

Es el peor es porque se trató de una operación de limpieza planteada desde un Estado moderno y en teoría civilizado; de un  plan de exterminio industrializado efectuada en pleno Siglo XX desde y por la sociedad que contaba con la cultura y las mentes más avanzadas y refinadas de Europa. Magníficos ingenieros diseñaron campos de exterminio que abarataron la muerte siguiendo el proceso fabril de las cadenas de montaje, químicos excelentes encontraron que el barato y asequible Cyclon B mataba bien y así hasta llegar a la característica más perversa que proporciona a la Shoah una dimensión única y aterradora: juristas de primer orden mundial dieron forma durante años a una serie sucesiva de leyes que terminaron por despojar legalmente a colectivos de personas de su condición humana. Esa es la gran inmoralidad que encierra ese genocidio sin parangón al que llamamos Holocausto. De hecho es casi es más duro leer las leyes antisemitas y su evolución hasta la Solución Final que la propia aplicación de la solución final. Nadie que se precie a sí mismo puede leer aquellas leyes y reflexionar sobre ellas sin estremecerse y sin sentir rabia e impotencia y un profundo sentimiento de injusticia insondable. Unas leyes que para mayor horror sirvieron para acallar las conciencias de millones de personas que viendo desaparecer a sus vecinos alemanes judíos, muchos de ellos héroes por Alemania en la Gran Guerra. Unos ciudadanos que dejaron por ley de tener derechos, de ser sabios, músicos, artistas, comerciantes, pensadores o amas de casa mientras otros alemanes se confortaron con aceptar una legislación que les dijo que aquel que hasta entonces había sido su amigo o su abogado, su médico o el hombre o la mujer que amaba, era literalmente una bacteria sin derechos. Y mientras esas leyes crecieron, los líderes mundiales miraron hacia otro lado.

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