Justicia Social: ¿logro factible o entelequia?

Juan Miguel Torres Andrés. Magistrado

No creo que ningún ser humano como ciudadano, ni que ningún Gobierno del mundo, se atrevan a manifestarse en contra de principio tan universalmente admitido como deseable y realizable.

Prueba de ello es que, tras la Primera Guerra Mundial, se acordó crear la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyo Tratado constitutivo, que data de 1919, nos recuerda en su preámbulo que la paz universal sólo puede fundarse en la Justicia Social; que existen condiciones de trabajo que entrañan para una gran número de personas la injusticia, la miseria y las prDia Justicia Socialivaciones -en suma la pobreza-, las cuales ponen en grave riesgo la paz; y que la no adopción por un Estado cualquiera de un régimen de trabajo realmente humano y digno es un obstáculo a los esfuerzos de otras naciones, criterios tan obvios como cada vez más olvidados por los gobernantes.

Hace casi un siglo de ello y, sin embargo, parece que estemos volviendo a tiempos aún más pretéritos. Cada día aumentan las quejas formuladas ante la OIT por incumplimientos flagrantes de sus Convenios y, no obstante, la situación no deja de empeorar irremisiblemente.

España, que -no se olvide- es un Estado social y democrático de Derecho,  es un ejemplo de lo expuesto. Ya que toda mi vida profesional la he dedicado a ejercer desde diferentes ópticas en la rama social del ordenamiento jurídico, permítanme que les diga que en nuestro país eran muy escasas las ocasiones en que los operadores jurídicos acudían a los Convenios y Tratados Internacionales en defensa de los intereses de los trabajadores. Sigue leyendo