Bajo una lápida llamada ignorancia

Por Ariadna Alfonso Castro, 17 años, Tenerife
Día tras día luchamos por una sociedad más igualitaria, más justa, más humana, una sociedad en la que no importen el género, el color de la piel ni la sexualidad. Celebramos manifestaciones en pos de los derechos humanos, nos vestimos cual Lady Godiva con los colores que nos identifican como personas, aceptando a aquellos a los que la sociedad ha clasificado como diferentes, inferiores, e incluso enfermos.
Pese a todo esto, y teniendo en cuenta todo lo que se ha logrado hasta la fecha, aún me cuesta creer que en pleno siglo XXI siga topándome con auténticos atentados en contra de esta interminable lucha y vivos representantes de fenómenos que preferiría creer extintos. Justo cuando se consideraba olvidado al oscuro fantasma del machismo, este vuelve a brillar con más fuerza que nunca.
No habrán pasado dos semanas desde que un vídeo parodia que caricaturizaba el hoy día conocido como hembrismo, me hizo perder una vez más la esperanza en vislumbrar un fin cercano a la desigualdad existente entre hombres y mujeres, no sólo en España, si no en el mundo entero. Independientemente de la poca gracia que me hiciese la parodia, lo que llamó mi atención no fue el vídeo en sí, el cuál respeto, si no la sección de comentarios en la que se pueden encontrar sin necesidad de indagar en demasía auténticas joyas del calibre de “¡Ni masculismo ni feminismo, por favor! ¡Igualismo!” “Soy mujer y no, no soy feminista”, y atrocidades tales como “¿Conocéis alguna mujer feminista y sexualmente satisfecha?” que más que expresar opinión, ridiculiza la figura de la mujer, especialmente la de la mujer feminista, desde un punto de vista, además de machista, carente de una educación básica.
Comentarios como estos no sólo me indignaron como representante del género femenino, sino que también me impresionó, y no de buena manera, la falta de educación existente respecto al tema, siendo consciente que jamás lograremos erradicar la desigualdad si se desconoce el significado de términos tan fundamentales como lo son el feminismo, el machismo, y su antagónico, el hembrismo o feminismo radical.
Los hechos son los hechos: una aplastante mayoría de la población española desconoce o ignora el significado de estos términos, confundiéndolos en el mejor de los casos. Lo más escalofriante de todo es que esta mayoría no se limita a un grupo de personas de edad avanzada, ajenas al internet y a la información sobre cualquier movimiento que este proporciona en cuestión de segundos, sino que también engloba a una gran parte de los jóvenes y sus ideales, afecta a los trabajadores y líderes del mañana, y por consecuente, a toda la humanidad, nuestro futuro.
Sí, es cierto que, si miramos hacia atrás, podemos sentirnos orgullosos de todo lo que hemos conseguido hasta la fecha, pero de nada habrán servido la sangre, sudor y lágrimas derramadas en el campo de batalla por la igualdad si las generaciones que vienen a asumir el rumbo olvidan el significado de estos logros, reduciéndolos a cenizas a una mera ilusión.
Hemos recorrido un largo camino, pero todavía nos queda mucho por andar antes de llegar a divisar el final. No deshagamos lo andado refugiándonos en la ignorancia. Lee, infórmate, contrasta ideas y construye una base sobre la que consolidar tu opinión, y, sobre todas las cosas, no entierres un movimiento tan necesario como el feminismo bajo el olvido.

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